La poesía no se vende |
"¿Y SI VOLVIENDO A NOMBRAR LAS COSAS fundamos de nuevo el mundo?"
|
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes al tema Livia Díaz. Metí muchos años muchas ideas en mi cabeza. Muchas falsedades creyendo que eran verdad. Dejó de divagar mi mente hasta canales y vidas insospechadas. Era más divertido que nada en el mundo. Mucho más que cualquier película o programa de televisión. Mi cabeza era el laboratorio de miles de pensamientos e ideas. Muchas de ellas eran capaces de hacerme llorar o ser feliz… o enojarme, o ponerme furiosa. Muchas de ellas, se volvieron contra mí, cobrando vida e hiriéndome. Formaron un plan para lastimarme y luego se propusieron estar en mi contra. Reprobaron, aniquilarme poco a poco, incluso haciéndome cree que yo tenía el control, y era capaz de hacerlo todo, incluso entreteniéndome, mientras, mi otro yo, otra parte de mi, protagónica e inconforme por no llevarse los aplausos o el crédito, se dio cuenta de eso y escribió esta carta... Liv. De espaldas a la Laguna de Términos, Ciudad del Carmen, Campeche, marzo de 1983... Madre ¿Cuántos libros de poesía he de escribir para que me perdones? Livia Díaz ¿A dónde vas? No lo sabía hasta que cogí el papel. Los manteles de la mesa puestos, todo en su lugar, el día por fin se terminó, y todos cenados, todos acostados, todo derrumbado, por fin. Ahí vienen las letras a perseguirme pero no sé muy bien con qué destino. Solo sabía antes de cogerlo que el desatino de mi cabeza era contrariamente inverso a mis ganas de dormir. El grupo me ha salvado la vida, pero la letra me permite vivirla. ¿Y cómo la piensas vivir? Con los ojos bien cerrados y el corazón bien abierto. Se puede caminar aún así, pero la cobardía de caerse es a veces más pesada que la confianza de dónde pisan los pies. Todo viene continuamente a nosotros pero no sabemos recibirlo. La metafísica y las probabilidades de que el cielo me escucha son mayores esta noche que la anterior solo porque yo lo quiero así. ¿Habrá alguien capaz de contradecirme? Sospecho cada mañana que no. Que la experiencia personal no le revela a otra persona más que la magia de ir despertando poco a poco del letargo… y es tan viejo. Es un sueño del que anhelamos despertar pero no nos damos cuenta que sus pausas, son instantes para vernos. No, queremos verlo todo a través del cristal, todo de golpe, todo sin luchar, todo en ganancia. Y en esta espera las pérdidas se van volviendo incertidumbre se van volviendo contra nosotros. ¿Cómo lo sé? Lo sé, que no lo creo, que no es lo mismo. La seguridad de apuntar el plomo de la letra no tiene nada que ver con el arte de hacerlo. A ver si me explico: Una flecha camina su trayectoria yo retengo en mi sangre toda la fuerza que contiene su camino. Los ángeles y las guirnaldas están en el aire, ese que no vemos, ese que solo el corazón presiente, ese que no se materializa como las películas y los sueños quisieran. Uno soborna mi cabeza, otro me presiona, pero mis manos se niegan a dejar de escribir, proyecto mi mensaje, lo acomodo, acondiciono cada palabra como ficha de dominó y al cielo, mirando, me dejo llevar por él. Una señora cercana se asoma por la ventana y se pregunta sin decírmelo si aquí vivo o solo vengo de paso. Desde que abrí los ojos a la razón supe que estaba de pronto en la vida y había que conocerla y descubrirla. Todo mi derredor era desconocido, todo nuevo y me dolía tanto vivir. Con tan solo cinco años una no puede darse el lujo de rajarse, hay que luchar por seguir viviendo y es poco a poco. La poesía de esta, mi vida, se ha ido redactando poco a poco, en versos sin métrica, pero encorsetados por tanta forma, por tanta formalidad, por tanto error. Vengo, desde tan lejos vengo para conocerme vine porque concederme estar aquí, lo merezco. Pero es el caso que aquí, mi único acierto ha sido vivir en el error. Vivir en el error no ha sido tampoco tan malo. Conocí la noche con todas sus parábolas, conocí sus seres taciturnos, conocí el sub mundo, los placeres, las venganzas a la vida, y sus asientos enajenantes como un río muerto. Conocí personajes que de día no pasan por las calles y de noche no pasan por su casa. Conocí el dulce y el amargo de tener y no tener la fortaleza; de tener y no tener el dinero; de tener y no tener la seguridad; de tener y no tener miedo. También la ventaja del sustento, la del aliento, la de la familia, la de la firmeza en las decisiones, la del cambio de vida radical, interior y el obligado. ¿A dónde vas con tu vida? Me lo pregunto cada noche y no me quiero dar respuestas. Desde que dejo que ocurra, que suceda, que pase, mis palabras dejaron de irse volando a la nada, mis oraciones son precavidas, mis almas transparentes. Es la razón esa viajera cometa una señora coqueta que comulga con el sol, si esta cerrada la puerta va y se abre por las nalgas y si está abierta nos reta que no podemos violarla. La pura sinrazón de las cosas viene y me acompaña. Se acuesta, se pone entre mis deseos y mis necesidades y me acomete. Mañana me precederá algún resultado, hoy, estoy emparentada con el tiempo, la ferocidad de los golpes y mi propia virtud de revolverlo todo como una ensalada y colocarlo como flecha humeante apuntando directamente a mi corazón. Pero que sabrosa es la vida entre más disturbios hace. Como el ajo: penetrante soportable sabroso e insufrible. Y cada vez que nos asomamos al abismo no podemos decidir si somos lo que nos han dicho “humanos” o un diente de ajo que sueña. Yo prefiero pensar que sigo haciendo alguna una clase de investigación extraterrestre para volverme terrestre cuando apruebe mis exámenes de conocimientos. Tal y como si estuviera en un cuento ruso de ciencia ficción (que aún no escribo). No son claras mis palabras porque no lo son mis pensamientos, y si lo fueran ¿qué trabajo tendría el lector? Apenas el que escucha puede entender aún sin decírselo el sentimiento que me desmadeja al ir prolongando mi ingreso al corazón último de mi encebollada conciencia. Voy buscando cual gusano al interior de la fruta un trozo que descuidado me sirva a mí de bocado. Y luego al otro costado siempre hay más, siempre hay otro, un “alguien”. Hasta hoy no he conocido ser alguno que no tenga en la memoria, en el corazón, en el sueño a un “otro”, un opuesto en aparejo que refleje en el espejo aquello que sus membranas desea rozar aunque duela. Ciertamente el que nace simple es más feliz que el complejo. Eso lo decimos todos. Todos creemos que “los otros” son más felices por sencillos. Pero no nos damos cuenta que todos somos iguales. Si cada uno de nuestros pensamientos sostiene este universo. Cada pensamiento es un astro, una constelación, un planeta. Yo elijo viajar entre alfa y omega como escarabajo, fijando mis antenas en el viento y recaudando una gota de agua cada noche, como una lágrima que lloro sin llorar para que me redima de todos mis malos pensamientos y se vayan elevando poco a poco hasta la tesitura que los purifique y los convierta en notas, en lluvia de emociones que vibren como la música en cada uno de mis actos. Y voy, sembrado aquello que no dilapido dejando versos por este camino donde elegí sentarme a construir. Y el amor como única verdad. El amor que camina, el amor que nos habla, que susurra porque existe para que vayamos a buscarlo, “ven a mi” “amen”. Amen, siempre decimos “amén”, como una orden imprecisa sin analizar su ordenamiento amen se, amen me, amen a quien, amen con quien, amen para bien, amen. Allane su propio camino mire la claridad, de esa virtud de dar lo que no se puede poseer. Imperecederas palabras, solo palabras: Yo elijo conseguir, hurtar estos pensamientos del conocimiento universal y bajarlos aquí y colocarlos aquí donde mi punto de olfato gane puntos a mi punto de vista. ¿A dónde va el amor es acaso, una parte de fracaso y otra de comezón? En esta fotografía, la vida nos era otra... Livia Díaz Hacer un ensayo de ensayos, debería imponerse como trabajo forzoso que secunde al esforzado entendimiento que merodea al tiempo en que suscita la palabra un verso. (Un verso que conversó con sus escritos). La foto es en Chetumal, lugar al que he bautizado "El último México" cuando entre las aguas de sus fuentes al caer sobre el mar vi cruces de viento y agua... A punto de la luna nueva, estamos. Es fecha de reconciliación, renovación, transmutación y que nos encamina hacia un bienestar para lograr las metas planteadas y por venir. Anoto fechas. Cumplí un año con Los Amorosos y 6 en Internet. Anoto fechas, a 10 años de radicar en Poza Rica, y casi 8 de La poesía no se vende, bien vale la pena hacer un recuento. Esto que tengo aquí en blog, ha sido renovado, removido y cambié de dirección muchas veces; algunas frustrada por no conseguir mis metas, otras quejándome de la indiferencia y de la dificultad para la dimensión de estas actividades. Ha valido la pena: Alguna entrevista ha servido para allanarle el camino a otro poet@, que se conozcan otros, y que se les rinda merecido homenaje. Me han escrito y he conocido gente maravillosa, he viajado a algunos lugares y compartido el pan y la sal con otros escritores y escritoras. Tengo mi memoria llena de recortes y apuntes, y a diario, anotaciones para propuestas y proyectos nuevos. Un montón de niños me han escuchado decirles mis cuentos, adolescentes han participado en mis talleres, y he podido llegar a personas privadas de su libertad con una palabra que nos conduzca aliento y alegría. Mis pobres versos se han enriquecido desde el primero que escribí, y algunos han sido reproducidos en epígrafes. Por ahí en algunos sitios los he visto reproducidos y entonces leo que otros aparte de mí han podido disfrutar leyendo lo que mis manos escriben. He pasado noticias, y críticas, y comentarios hace ya casi 20 años; he reflexionado ante el papel, y llorado mucho ante él. Prosigo difundiéndolo y diciéndolo porque quizá, alguien, en alguna parte también deseó ser y hacer, pero no tenía estudios, ni tiempo, ni dinero, ni padinazgos ni padrinos, ni relaciones y adonde se mudaba no se sentía bienvenido; lo sigo diciendo y escribiendo porque quizá como yo, son mujeres con hijos y solas, que tienen que lidiar a diario entre el quehacer y la creatividad; el deber y el deseo; y que quizá abandonaron muchas de todas sus cosas porque tenían que seguir sus sueños; y que quizá también tuvieron que retirarse muchas veces por enfermedades físicas y del alma, y que quizá solo allá, lejos, en rincones inesperados encontraron lo que no andaban buscando. Mujeres a las que quizá también alguien, en algún momento desacreditó, acusó, engañó o sobornó, y que luego abandonaron porque es más fácil enfrentar el dolor que la felicidad; y porque también perdieron un hijo y cada día tienen -como yo- que estarse construyendo e inventando. Dice Gabriel García Márquez que uno es de donde entierra su primer muerto. Es por eso que me asumo pozarricense, y que mi patria chica sigue siendo Ciudad del Carmen, a la que llevo, así como a toda su gente, dentro del corazón. Paz en la tierra, que nadie calle ni sea cómplice de atrocidades. |