La poesía no se vende |
"¿Y SI VOLVIENDO A NOMBRAR LAS COSAS fundamos de nuevo el mundo?"
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Artes poéticas. Por: Livia Díaz Todos los días me asalta el miedo a los lugares comunes. Al revisar el día con la noche, el orden de las ausencias, hoja por hoja a medida que puedo leerlos en las palabras de Rosario Castellanos, me pregunto ¿ese poema es mío? Aquella palabra que arrancó la tarde a la nostalgia y es precisa, ¿con que delgado cincel quedo grabada en la rotunda y vertical palabra? Y a medida que me devuelve el miedo, los lugares comunes y las cosas de todos, ella me lo arrebata y lo vuelve tan personal, que no se puede, sino con reverencia, devolverle una a una sus palabras, y sus ideas, y arrodillarse para dejarla hablar. Y en comunes palabras, ir entendiendo el mundo que ya ha vuelto suyo, y con envidia, seguirse preguntando, si han pasado las cosas que sus frases revelan en su vida, pues para irla volviendo más normal que mundana. Yo soy un ancho patio, una gran casa abierta: Y ella habla, y yo rompo mi voz y una plegaria -quizá airosa- emerge para rebatirle, discutirle y contradecirla. Emerge muchas veces. Pero ha muerto a un tiempo, y su herencia, me deja por entrever que no aprendemos sino a volver a vivir lo mismo que ha vivido cada día, para irle dando la razón mientras lo hacemos. Y de ese modo, quizá febril por experimentar de nuevo a manos de su arte tan personal como cada quien quiera vestírselo, la volvemos a leer: Déjame hablar, mordaza, una palabra Que quizá se escribió para si misma, eso no es cierto. Que quizá escribió para “los otros”, eso tampoco es cierto. Rosario, le escribía a Castellanos palabra por palabra, la una iba escribiendo lo que la otra iba leyendo. No creas lo que yo creo cuando me engaño. Parece decir: Mira a través de mí, y luego escucha nuevamente mis lamentos. Y como muro, sigue extendiéndose en torno a lo alto, como murallas de papel llenas de palabras lo que voy leyendo desde adentro. Y yo la invito a que lea la tarde, y le diré algún día, que relea la melancolía y el resentimiento, que mire nuevamente llegar al hombre amado, y lo ame para sacarlo de entre el polvo, reviviéndolo en llagas. Y capa por capa, de carne vaya adoquinándole los huesos y los músculos hasta que encarne, hasta que se vuelva de nuevo, carne y hueso y tome forma y figura, y vuelva a herirla. Y luego, que despierte y me diga con esas palabras que ella sabe decir, lo que pasaba mientras iba cobrando forma desde su sueño, la presencia que habitaba sus entrañas, en el algo que le mueve y que le agita la sangre cuando pasa. Esa pasión como distraída que pretendió esconder en el ojo del que observa, y que al ir leyendo palpita entre sus palabras no plasmadas para hacerlo poesía. Hubo un intermediario entre mi cuerpo y yo Y para seguirla describiendo, he decido que se parece a mí y que tuvo, o que tuve la osadía de leer sus poemas, y que creí entender lo que en su alma abundaba. Que leí sus palabras y creía comprender lo que quiso decir, y el cómo, y el para quién y el porqué, y que me quedé con ganas de que estuviese frente a mí para preguntarle ¿¿para qué Rosario? Y como avergonzada, darle las gracias de que no fueran mías. Y es que el atrevimiento con que llego a acercarme a esta mesa, y a la poesía y a mis ruinas para decirlo, de tal manera que sin sonar a homenaje o a cliché, o a falsa admiración, me remita a la idea original tengo que saltar caminos y unir puentes... Y finalmente siempre regreso al mismo punto en que esquivo señalar, que cuando la voy leyendo, esa tercera cosa que acontece, en una provocación no convocada por ella ni por nadie, y que nos une, a pesar de la realidad y la verdad, en una distancia inexistente, en un sentir a uno y a otro costado de la tierra, para adorar al mundo y describirlo, sin ella de por medio la vuelve: más normal que mundana. Foto: Manifestación frente al ayuntamiento de Poza Rica, Octubre de 2001. Aquel día estaba lista para irme a Gualeguaychú, Argentina para leer esta ponencia. Pero algo pasó... el dinero que aprobó el Cabildo para mi viaje no salía, y las horas pasaban... Finalmente me pidieron que demostrara que efectivamente iba a salir del país, realmente me indigné, y con una valentía -que he ido perdiendo con los años- monté una instalación frente a la estatua de Benito Juárez conformada por mis libros,unas pancartas y piedras de su pequeño jardín... y leí, y declamé y recité y lloré y sonreí cuando finalmente comprobé que efectivamente cuando tienes un sueño, todo el universo conspira para que lo realices. Son muchas las personas de Poza Rica, el mundo -y quizá el cielo- las que conspiraron, me ayudaron y me apoyaron en ese camino -prácticamente- Mariano, en el que conocí "Las Campanas de Belgrano", del que te hablaré otro día. 23 de septiembre de 2001. Ponencia: “Las dictaduras en la representación literaria"... ¿Realmente existen? Autora: Livia Díaz Cuando me preguntan qué es poesía temo hacerme pis en los zapatos. ¿Quién de pequeño no se hizo pis y sintió al caminar el agua amarilla ahogando los calcetines? Los pies a cada paso emitiendo un leve "cuac" oomo si fuera un sapo. La poesía es el calcetín que está entre el pie y el calzado ahogándose en la pis. Has de escuchar su leve "cuac", quizá de sapo (sabiendo que no es un sapo), sin consumir su belleza. Escuchar el calor, la piel, liberando el lamento, el malestar, el grito ahogado, el dolor. Vida tras inmundicia. Inmundicia que es vida. Quien disparó las preguntas vitales sabía que vida es tormento, no hay blanco negro, bueno y malo, todos somos estos, duales, un bello desastre. Humanos huérfanos, feos, imperfectos, mortales... versos. Amor y canto. Su voz me obligó a abandonar el deseo de revestirme por fuera para ser por dentro, aceptarme y... dejarme en paz. |