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AVENTURAS DE UN TOCADOR DE MUJERES

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Por: Livia Díaz

 

Visiblemente consternada Tita Ordoñez, al viajar en autobús, hacía grandes sacrificios. El trámite, un prolongado pasaje entre su casa y su colegio, el suficiente suplicio para amedrentarla y llegar a su hogar, nalgas apretadas, asco, corazón latiendo a 100 por hora, y temblando, ocasionó que yo, señor agente del ministerio público de Poza Rica, lo confieso, acuda ante Usted para declarar lo siguiente:

Yo, el camionero, siendo las dos de la tarde de este el jueves del mes de diciembre del año 2006, manejaba tranquilamente mi autobús que cubre la ruta que atraviesa la ciudad desde la Central Camionera hasta la colonia Gaviotas, y regreso por el centro para tomar la avenida Lázaro Cárdenas. Este circuito no es nada divertido pero se convirtió en el tormento de cuanta mujer se atravesaba en el camino del “tocador de mujeres”.

Tal y como se lo digo. Este descarado individuo de aspecto paisano, por el que –con perdón- no damos un peso, se la pasaba abordando en mi ruta, no sé si para dirigirse a su casa o trabajo, pero con la intención a todas luces manifiesta de tocar a cuanta fémina se le atravesaba enfrente, tocó a una menor de edad.

Pero las cosas señor juez, autoridad, parte, policía, compañero ciudadano, o como Usted me permita llamarlo, llegaron a mayores aquella noche porque, des precavido de que yo lo estaba observado por el espejo retrovisor de mi unidad, el tocador de mujeres hizo a Tita Ordoñez lo que ni a nuestra madre, ni a nuestra hermana y menos a la novia o esposa nos gustaría, arremetió contra ella por detrás y sin permiso, frotando sus partes íntimas en su trasero.

La indignación que sentí me encegueció. Lo admito. Eso fue lo que me hizo señor juez, ministerio público, autoridad, recepcionista de quejas y denuncias, frenar de golpe en la avenida Juárez, en momento de más tráfico y provocar el choque, que en carambola ha afectado a 13 vehículos, incluyendo a su automóvil nuevo.

Por ello lo único que puedo pedirle a Usted es perdón. Aunque ya sé que me iré a chirona por algún tiempo, puesto que al mismo que frené me fui a batir a golpes al tocador de mujeres, que sin que pudiera aún ponerle una mano encima, se cayó dándose el golpe mortal que lo hizo desaparecer de entre nosotros, los vivos. Pero no me acuse Usted de asesinato porque yo no he sido. Me apego a que existe una justicia Divina.

Ignoro si ese mal proceder, o el mal trato de niño, o quizá no tenía madre. (Eso seguro). Perdón, borre eso. Sigo: Creo que fue la mala educación la que condujo a ese cruel, despiadado y abusivo ciudadano al rozamiento, frotamiento, tocamiento y molestia de esa pequeña. Ocasiones, varias miré cosa parecida señor, pero en aquellas ocasiones el ah… bueno… difunto, le habían propinado las señoras severas golpizas de las que hasta me sentí compadecido, pero en este caso, le juro tenía que hacer algo al respecto.

O ¿cree Usted justo que esa criaturita apenas en la flor de la edad, que casi huele a pastel de 15 años, merecía que un ser semejante se propasara con ella? Me parece ver sus ojitos de desesperación, y ¡en nuestra ruta! Que dicho sea de paso, es una de las más importantes de la ciudad para transporte de cuanto vecino ha de atravesar esta bella metrópoli de lado a lado.

31/01/2008 18:56. Escrito por Livia Díaz #. No hay comentarios. Comentar.

A LA CAZA DEL PELLEJO URBANO

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Del escritorio de Peribañez y el Comendador de Ocaña.
Por Livia Díaz

Se preparó antes de hacerlo. Cuidadosamente tomó las llaves, el dinero para el pasaje, se colocó el abrigo, y viajó hacia el edificio del correo municipal. Como cada semana, observó aquel inmueble. Un oscuro edificio de SEPOMEX con cristales por mitad, alguna vez transparentes, y paredes en algún momento de piedra volcánica, ahora deslucido por el abandono y la aportación plástica, y gratuita, de al menos una docena de cabrones grafiteros, ecologistas voluntarios urbanos del reparto de materiales para el reciclaje de basura y el polvo, y los humos que emiten los vehículos en forma caprichosamente involuntaria.

Como cada semana, cuidadosamente -y esquivando el deterioro de las instalaciones internas, que parecían pelear con las externas, por un sitio de primer lugar en el imaginario de la contaminación y la mugre- él se acercó a la ventanilla uno, tres y cinco, en donde esperó cada vez -y con harto de paciencia- a que los empleados le atendieran –cosa que ocurría hasta que terminaran o de almorzar, leer, pasear y platicar por la trastienda.- Ignorantes de su drama y de que cada semana enfrentaba con el ímpetu y la fuerza de un guerrero inmortal esta tarea.

Poco después de que le rindieran cuentas “de que a él, no le había llegado paquete alguno de correo procedente de ningún punto del planeta”, analizó con la mirada la situación y reparó en que, desde que esos paquetes comenzaron a no llegar a su destino, quiso ver y hurgar en libros, y libros de destinos varios, hasta el cansancio y aburrimiento de sus interlocutores.

Más de pronto, aquel día que aparentaba ser uno de esos “en los que no pasa nada”, una voz cargada de inesperada confesión, por boca de una criatura iluminada, le ubicó en la dura y cruda realidad. (Cosa que agradeció porque al tiempo que le abrió los ojos, estaba ya soportando con todas sus fuerzas el embate de aquella palabra, que por cruel que fuera, lo dejó entrever y comprender la dureza con la que obra la entidad administrativa, y le dio pistas). Lo condujo por el intrincado laberinto que ha de recorrer “el cartero.” No podía creerlo. Aquel compadecido -dicho aquello- distraído, despreocupado, desparpajado, arbitrariamente y sin anestesia previa, insistió: “hable con su cartero”.

Recordó que se lo dijeron antes, ¿varias veces?, ¿para qué ir al cartero cuando el paquete, procedente de las entrañas del mundo, tiene que ser registrado por las autoridades? ¡No! La revelación que cayó sobre sus hombres tuvo instrucciones precisas “No podemos tener registros del correo ordinario si llegan por cientos, por miles”. Simplemente “No existen registros.”

“ESE –pensó en voz alta- ENTONCES, ESE TIENE QUE SER EL ÚNICO QUE SEPA EL MISTERIO DE LA DESAPARICIÓN DE MIS PAQUETES.” Así que, pospuso el retorno a casa, e hizo turno y guardia de cuatro horas hasta que, alrededor de las tres de la tarde, se encontró frente a frente con ese testigo crucial que lo conduciría al paradero de sus pertenencias, y el cual, tiernamente le dijo “no le han llegado a usted paquetes”. Desde entonces hace guardia en su casa con la esperanza de que tal vez, algún día, aquellos deseados bienes materiales, perdidos por el globo terráqueo desde el mes de noviembre en ese laberinto intrincado e inexplicable, se posen en sus manos.



26/07/2010 11:58. Escrito por Livia Díaz #. No hay comentarios. Comentar.

EL ÚLTIMO DE LA FILA

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FOTO.- Con Laura en Buenos Aires, cuentera, amiga, sorprendente persona, fuimos a la Ronda y a comer pastas "como si la crisis no nos apretara el zapato, orgullosos  e inamovibles, aunque nos esté llevando la trampa"...

Por Livia Díaz.

Eran las siete y media. Una vez más la hora de comienzo de la función, se pospondría hasta que los artistas se sintieran seguros de que no iba a llegar otro más. Me dispuse a pasar el tiempo leyendo, mientras no me quitaba la vista de encima, el último de la fila.

Con más de una hora de retraso, llegó finalmente el espectáculo. Un libro, hizo su debut y desnudo paseó entre la concurrencia que aplaudía a sus amigos: el presentador, el comentarista, el maestro de ceremonias y el autor.

No sé si tuvieron una buena venta. Los vi firmando autógrafos, mientras con nerviosismo, se me acercó el último de la fila, que portaba en la chaqueta media docena de pequeños bolsillos en los que reparé preguntándome que tendrían adentro.

-¿Puedo hacerle una entrevista? Asentí con la cabeza sentándome en las butacas. Se presentó aquel muchacho y me cuestionó ¿La Poesía escuchada es considerada de algún movimiento de vanguardia en México”. Para salir del paso, le dije que “una buena parte de la Poesía contemporánea, pertenece a conceptualistas que secuestraron la Poesía para volverla tan individual como lo que piensan que es la Poesía”.

El chico estaba distraído y ahora, en que ni entendió, ni escuchó ni comprendió lo que dije, para salir del paso preguntó “¿Porqué?”- Pero esta vez lo hizo sacando la grabadora de uno de sus bolsillos y encendiéndola.  Al tener frente a mí el aparato, no pude contener la tentación de decirle que “el porqué tendría que preguntársele a cada autor, y de paso, reclamarle que nos adapte a su arte personal en cada obra, sin preguntarnos qué queremos leer”.

El último de la fila, sonrió brevemente para luego decirme que él también escribe poemas y preguntarme, si visto así sus poemas, y los de los otros ¿entraban en esa categorización? Abrí los ojos tanto que se puso nervioso. Estoy segura que cambié de colores, y que hice la mueca extraordinaria porque incluso, se puso de pie cuando solo atiné a decir: “poetas…”.  

 

 

 

 

26/07/2010 11:59. Escrito por Livia Díaz #. No hay comentarios. Comentar.

Los genios de la metáfora

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por: Livia Díaz.

Los genios de la metáfora en el periodismo popular son sobresalientes creadores de frases y artesanales, palabras que evocan hechos y sucesos cotidianos espectaculares. Contamos con periodistas policíacos que pueden sorprender a cualquier escritor por su facilidad para explicar desde la realidad un asunto.

Frases coloquiales que se van entremezclando, con toda clase de sobre nombres y pronombres personales para dirigirse a un ciudadano que repentinamente se ha convertido en siniestro, y otros que se encuentran al acecho de cualquier “incauto transeúnte” que camine por las calles donde “desprevenido e inocente vaya a caer en las garras de la delincuencia”. También las hay “féminas de la vida galante que se tiran al mejor postor por unas monedas” olvidando la cuna donde le dieron “origen a la vanagloria de sus facultades” y se “soltaron el pelo desafiantes contra la adversidad para dedicarse a cosas poco gratas”.

Entiéndase perfectamente que dentro del escenario de la narración de los actos delictivos, los genios de la metáfora, se expresan y explayan detalladamente y “sacan de su cosecha”, toda clase de “alegatos que puedan usar en perjuicio y perjurio incriminando a sus pobres víctimas de lo que hacen”.

Esta semana en un diario local descubrí a los genios de la metáfora, alcanzando el grado máximo de la expresión escrita noticiosa, amena, que colorea y define tan geográficamente los hechos en pocas palabras, que pareciéramos estar leyendo un cuento. Abandonados al placer que produce, porque es innegable que en México la lectura de la página policíaca es una aventura fascinante.

Muchas palabras desde luego provienen de la retórica legal y de la policíaca. Pero ellos no escriben cosas como “ya hicieron una de las suyas”, o refiriéndose a un suicida: “la ciencia médica hace todo lo posible por salvarle su existencia material”.

Como referencia histórica, el 13 de septiembre de 1890 Manuel Caballero “periodista con ideas modernas” se autodefinió como el primer “reporter”, de lo que ahora llamamos reportero. Fue denominado por todos los de su época como “el especialista profesional que expulsa de los diarios a los literatos buenos”. Para todo lo que tradicional e improvisadamente les encargaron redactar.

Se deben a Manuel Caballero impresionantes crónicas e interview. “Pero no todo ha sido buena cosecha en la incansable labor de este hombre ambicioso y tenaz”, agrega la nota, “en Guadalajara tuvo la idea de referir el asesinato del general Corona en un pliego que llevaba como primera plana una mano roja chorreante de sangre. A partir de ese momento se llamó “nota roja”, a las noticias sobre crímenes y latrocinios”. “Tiempo de México”, hace la narrativa de estos hechos añadiendo: “ahora han proliferado los pasquines inmundos que refieren con todo lujo de detalles las desgracias ajenas”. Y deja conocer que desde entonces, y en contra de estas publicaciones, se decía y vaticinaba que eran “escuela del crimen”, “ensayos de asesinatos por entregas”, entre otras cosas.

En la actualidad, las secciones consolidadas de páginas infinitas de diarios, revistas internet, para la nota roja o policíaca en México, conforma una plana de denuncia, demostración, noticia, y exhibición. Pero también vemos en un periódico diario de Madrid que dice “señora colapsada por un camión”, y otro de Argentina, “confeccionarán el mapa del delito”; en todos dice cosas como: “el hoy occiso...”. Panamá: “Interpol busca implicados en el gasolinazo”, pero definitivamente Usted no encontrará en ningún otro país a los genios de la metáfora que además se acompañan de fotógrafos que ilustran las páginas de la plana policíaca con todo detalle gráfico de lesionados y muertos en accidentes, por la violencia, y otras causas, “el ahora difunto...”

La pasión con que se ensañan las palabras a veces hirientes y “venenosas”, es quizá la única expresión en que un periodista de noticias, se deslice a “saciedad y gusto hasta el orgasmo que motiva y prolifera en el hervidero de sangre que provoca sacar con palabras hasta el último aliento de las pobres víctimas”. Es en ocasiones incierto, tema delicado para los afectados, y doliente cúmulo de palabras que envilecen al ser humano que caiga en manos de la policía, y además tenga que leer cosas terribles sobre sus actos, que legalmente se reducen a comprobar o desaprobar su inocencia.

Hace unos años al entrevistar al director del centro de readaptación para menores de Villahermosa, comentó que hay leyes que impiden poner en los diarios fotografías y nombres de los menores de edad involucrados en delitos. Así mismo cuando se trata de crímenes de violencia sexual, en muchos casos vemos la fotografía de los niños –y era cierto- expuestas en planas de diarios de Tabasco, como “grandes chacales”, los críos orgullosos de sus hazañas, se dejaban retratar y hasta “posaban”. El hombre dijo: “les gusta y van por más. Y acumulan como medallas uno y otro recorte de periódico donde salieron retratados. Para decir después: salí en el periódico”. Comprensible en el niño, incomprensible para la sociedad. Eran muchos niños abandonados que vivían en las calles, dormían sobre el techo de la terminal de autobuses de segunda, en el mercado o en cualquier banqueta. Generalmente eran aprendidos por robo, excepcionalmente por delitos mayores. Así que una y otra vez desde los seis años –a veces menos- estaban involucrados en delitos. Eran llamados “ratas”, “pandillas organizadas contra la sociedad”, pocas veces “menor infractor”, como se dice en la actualidad.

Desde el punto de vista periodístico el que un periódico dejara de publicarlos no iba a terminar con ese problema social, y no publicar la información tampoco sirve para negar una realidad cotidiana. Desde el punto de vista empresarial, les será conveniente a razón de ventas. Pero existen otros puntos de vista y creo que el más claro es el que el propio reportero crea en torno a su mensaje. Evidentemente dicen entre líneas que lo sucedido es malo o está mal hecho. Que el daño fue ocasionado a una víctima. Como aquel que dice “dio rienda suelta a sus bajos instintos”. Podemos comprender que el primero que tiene conciencia -en la confusión que provoca una situación grave- es el reportero. Identifica a todos los personajes y los delimita, incluso nos transmite datos relativos a su actuación, el escenario “donde ocurrieron los hechos”, la vestimenta de los involucrados, y relata un crónica de los acontecimientos que obedece en todo momento a las características de la nota informativa.

Los genios de la metáfora también delimitan las funciones de las autoridades, los enaltecen cuando dicen “intervino oportunamente el agente...”, o “el representante de la ley y el orden”; igualmente cuando se describe un incendio que un “aparatoso accidente”. Estamos acostumbrados a conocer el estado de las “víctimas mortales”. Pero nunca nos acostumbraremos a esos hechos.

26/07/2010 11:59. Escrito por Livia Díaz #. No hay comentarios. Comentar.

Unos van a olvidar y otros van al olvido

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Livia Díaz.


El sonido del teléfono cesó. Poco después la búsqueda. Después de todo, la gran noche se prolongó un tiempo inexistente. La niña yace inerte en su imagen expuesta para condoler la matriz de otra. ¡Qué les importa a los observadores el dolor de una madre huérfana!. La amputación de la otra extremidad invisible, y ahora eternamente visible, resumida en expedientes, historias, testimonios.

La claridad oscuridad de la casa en compañía del silencio, era examinada una y otra vez por la mente, en autopsia directa de un porvenir siniestro. Solo su abandono la dejó pasar día y noche, noche y día y en sus recuerdos, al atesorar en los sonidos, esperanzas.

Los sueños y las emociones, el dolor y el sufrimiento “escuela de novas artes en pos de la compasión”, dicen los libros de texto, “con ella suman 123 las mujeres asesinadas”, decía el periódico.


Las mujeres de Juárez.

Desde hace más 10 años, la desaparición y asesinato de mujeres,
también en Ciudad Juárez,
ha provocado una preocupación creciente…

 

Es la tierra testigo de un secreto
de indelegables crímenes
y obseso ha vuelto fugaz en la respuesta,
exigir que confiese de inmediato:
claman las mujeres por las calles,
sin saber que están muertas.

Y van dejando su estela de imborrables incontenibles,
inimaginables llantos
gimiendo mientras pasa el silencio.
Claman las mujeres por las calles
sin saber que están muertas.

El funcionario finge que lo ignora
se le ha caído el pie después del pelo.
El que a la aurora se mira en el espejo
mientras ríe, sonriéndole a la vida
agradecido de distinta suerte,
sin pensarlas de contenido llanto
enamorando, a su paso de muerte,
nuestras ansias por verlas sonriendo
en los rincones, adonde no llega
la luz ni las palabras.
Claman las mujeres por las calles,
sin saber que están muertas.

Y eran cien, y doscientas a la noche,
trescientas descalabradas tuertas alboradas
de una promesa de muerte inesperada
y son sus madres, preludio de una espera.
Claman las mujeres por las calles
sin saber que están muertas.

Pueblan las plazas
con distintas autoras sus estelas
en fantasmales espectros, otras tumbas,
donde cavan la fosa
de la fe, la confianza y la esperanza,
y las entierran cada vez más hondo,
muy en lo hondo, ahí donde no pueda
llegar a rescatarlas la frontera
entre lo posible y lo imposible,
para que nos veamos en el cine
en la red de Internet, en las pantallas
sin oler ni tocar sin sospechar siquiera
que sus fosas con números y fechas,
están llenas de polvo, que no puede
enterrarlas del todo, y que se salen,
¡y que se salen a espantar
con su gemir continuo y decidido!
hasta que un día desvelen a los criminales,
hasta que un día desnuden a los presidentes,
hasta que acallen a los que en su nombre
reniegan del dolor de nuestras madres.

Que los hundan a todos, que los rompan,
que los dejen al aire y entre el viento
sin sus armas de tromba y de pasquines…
Claman las mujeres por las calles,
sin saber, que están muertas.

La fuerza mayor con que comienza
en latrocinio de confianza a hurgar,
el salmo de nuestra conciencia
claman, las mujeres por las calles,
sin saber que están muertas.



*México DF, 20 de octubre de 1965.- Radica en Poza Rica, Veracruz, promotora de lectura, poeta y periodista de oficio. Dirige el programa de radio “Los Amorosos”, talleres de Literatura y Lectura en el CERESO, y de Cuentacuentos en espacios abiertos y la zona escolar.

26/07/2010 11:59. Escrito por Livia Díaz #. No hay comentarios. Comentar.


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