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Octubre de Gualeguaychú.

 

 

Octubre de Gualeguaychú.
Livia Díaz

Roberto “el negro” se sabía los secretos y los nombres de todos los árboles y las flores. “Cuando mires un árbol te acordarás de mi”. Cada vez que los miro te recuerdo poeta enlegulado que trabajas entre oficios y legajos en Santa Fe, Argentina. Yo a ti te di unos poemas para que me leyeras de botiquín de emergencia. ¡Los perdiste! Lo sé porque ahí estaba mi mail, ese que pediste a lo ancho y largo de la red de Internet el día de mi cumpleaños.

Aún no sé como son capaces ustedes los argentinos de tomar vino y cerveza en el día y emborracharse con fernet con coca cola ¡Están locos! Yo tomo vino y me duermo. ¿Recuerdas? Cada día me quedaba dormida, me perdí el city tour y el paseo por el río. Llegaba con mis ojos de búho desmarañado y huía de las lecturas de narrativa por miedo a dormirme. Compartimos ronda para recitar. Me echaste porras. Sonreías -todo el tiempo que me miraste me reí- ¿Porqué soy así? Me encanta ser la niña de los ojos, sentirme segura solo porque tú me mirabas. Ahora todo pasó. Lamento el tiempo y la distancia en este no poderte volver a ver porque no estás. Recuerdo esa noche en el boliche (bar) compartiendo el vaso de cerveza, el baile, los brazos, las risas cuando se nos acabó la ciudad pavimentada “y comenzó el verdadero Gualeguaychú” “esta es la verdad”... a ver espérate creo que por aquí está mi casa, deja buscarla... y tú te reías a carcajadas como si fuera la primera vez que reímos, o sí, es la primera que reíamos por todo, juntos, de eso. Recuerdo la cena famosa buscando el chorizo. Mi cara de susto cuando entró Susana Lizzy al restauran y tú me pillaste ¿Qué sucede dime? Yo te expliqué que me preocupaba que ella se preocupara por mi cuenta. ¿Cómo pensás pagar? me dijo, yo le dije que vendí unos CD que no se preocupe y tú le dijiste que tu pagarías. Recuerdo que cuando nos retirábamos fui al baño y al volver me dijiste que efectivamente lo hizo, que firmara la nota de diez pesos y que guardamos silencio y aquel chico que me pidió monedas mexicanas y yo no traía ninguna y le di un billete de Benito Juárez. Luego nos tomó una foto con mi cámara y otra con la tuya. A otro día anduvimos vagando y sin saberlo nos fuimos a encontrar. ¿Te tomo una foto? Dijiste en tanto yo me peleaba con las pilas en el estanquillo. –No gracias, dije y te miré ¡Hola! Andabas por ahí buscando fruta y yo quería tomar la plaza donde pusieron con flores la fecha sobre el jardín “20 de octubre”. “Tengo que irme solo me quedan 20 pesos”. Que silencio se puso luego de tus palabras. Como quinceañeros anduvimos las calles tomados de la mano hasta que los árboles nos sacaron del marasmo. Recuerdo el balcón del club donde gozábamos el atardecer y entró Peigot diciendo: ¿Interrumpo? Que tipo tan simpático. Nos miraba a uno y a otro intentando adivinar lo que nos citó en ese balcón. “Pasá. Estamos disfrutando el atardecer y esta vista de la calle” le dijiste. No era difícil saber que simpatizamos y andábamos de pata de perro por todos Gualeguaychú. Después de eso nos fuimos de pinta nos escapamos. Te pedí que saliéramos porque estaba engentada, no soportaba más y tu tenías hambre. Yo no sabía que tenías coche y fuimos al río, la avenida, la cárcel... Yo con la video pescaba todo, y tú tuviste la paciencia de esperar a que plasmara todo. La cárcel como castillo mirando al río ¡Cómo escandalizó a las amigas saber que anduvimos por ahí! Luego nos separamos para gozar cada quien por su lado sus estancias y las compañías.

 

De la novela inédita "Las campanas de Belgrano."

 

12/03/2008 12:54. Livia Díaz #.

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