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Encuentro con Rubén Vela.

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Estación Gualeguaychú, 20 de octubre de 2001

Estuve por tomar la cámara pero quise quedarme esa imagen solo para mis ojos y mi corazón Rubén Vela “El poeta de América” se levanta a las 10.10 AM de su asiento a siete pasos de mi y camina con su chaqueta azul y su camisa blanca con rayas rojas, sus lentes y sus barbas, la maleta de ruedas y luego de invitarme una taza de afecto y de respaldo que tragué con ayuda del café, se fue a otro pueblo, a otro congreso literario a donde daría una conferencia. Me acompañó y escuchó, me dijo que no ceda que luche y que debo entrar a la política. Me regaló 20 pesos y me compró cuatro CD de los que traje. Hoy confirmé que las cosas pasan por algo. El dice que “el amor y el dolor son una circunstancia, cuando pasa te morís”. Ahora a los sentires “me siento como iluminado. Llega el día que no necesitás a alguien. Vas percibiendo más en el alma que en el cuerpo”. El llegó a la estación enseguida que yo. Eran las nueve de la mañana “Vení vamos a tomar café ¿Querés algo? Tomemos café con leche”. Pidió café con medias lunas “Comé nomás, después conversamos”.

-Qué… ¿leíste algo?

-Si. -Le digo, una ponencia y un par de poemas.

Le leo la ponencia

-Muy buena, tenés que publicarla.

Conversamos sobre la vida y la literatura me regaló su libro y me preguntó que le pareció, si me gustaban sus poemas le dije lo que pienso, que algunos son muy firmes otros parecen buscarse por el final o son vagos y me dijo que así es. Que son poemas para leerlos por donde quieras, por en medio por abajo o por el principio. Le doy un poema visual. -Es lo que traje le digo. Le hago ver que este está escrito de izquierda a derecha y me dice que entonces lo pondrá frente a un espejo, le comento que la ultima palabra “serbil” en realidad es “libres”, “que interesante mirá, que curioso”. Vela, ese hombre de sonrisa grande abierta, silencioso, estuvo anoche en la cena frente a mi, en la misma mesa. Me daba curiosidad conocerlo y hasta entrevistarlo, pero igual que Jorge Bocanera, estuvo rodeado de poetas que le acosaban. Que triste poetas perdemos nuestra dirección pienso en palabras de Víctor García:, “Somos los poetas macizos de América que vamos sembrando amor en otros corazones”. Yo no podría hacer libros le digo, andaría regalándolos todos por ahí “eso es lo bonito ché, regalarlos”, termina. Me dice que me quede aquí, que no me levante que trabaje aquí que escriba, y se va. En esta lágrima que me desprende su partida un dolor, tan dulce como yo que llegué a este pueblo con ayuda de muchos amigos y tantas personas sigo siendo bendecida por aquellos que aman a las personas y la poesía, la franqueza. Dios me dio este camino que sigo andando con la cabeza llena de certidumbre. Estoy en un sueño que no había soñado en un valle al sur de mi cordura.

Aquí los amigos del Hotel Abadía, la señora bonita, el señor del comedor, el agente del río Luis Brotoli, Lao, los chicos del Taller Literario, el tendero, las canciones de Carlos Peralta, Jujuy, las Susanas, Martha, todos me acompañan. Gualeguaychú fue un sueño realizado donde la cita poética nos trajo a buscar el espacio donde termina el camino y comenzamos nosotros. “Cuando escribas todo, publiques tus poemas dilo, dilo todo, explica porqué le hacés ese poema a esta ciudad, porqué decís las cosas” me recomendó Vela. Me quedo con su libro en las manos “La pasión americana en la poesía”. “Para ti como recuerdo del simposio de literatura de Gualeguaychú donde brilló por su talento y simpatía. Con amor de Rubén Vela”.

07/02/2008 18:56. Livia Díaz #.

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