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La poesía no se vende



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Arte poética

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En esta fotografía, la vida nos era otra... 

Livia Díaz

Poza Rica, Ver., México 13 de septiembre de 2003.

Hacer un ensayo de ensayos, debería imponerse como trabajo forzoso que secunde al esforzado entendimiento que merodea al tiempo en que suscita la palabra un verso. (Un verso que conversó con sus escritos).



Un hombre no debería salir a la calle con tanta palabra a la intemperie. Y sin embargo anda y camina adivinando (las) otra vez cuando las lee. Un hombre cualquiera, acostumbrado a conocer los sucesos de su patria en las noticias, ha puesto los ojos en la confiada interpretación de que otros ojos y sus voces actuaron honesta y transparentemente para él. El hombre ha ido confiando en que su escritor ha divisado el tiempo, el rumbo y la realidad claramente y se la entrega en episodios día a día integra, transparente.



El hombre se traspola y se transforma en receptor de un mensaje de segunda mano con intenciones primas. Un Orlando cualquiera, (Alcántara para más señas) le entrega al hombre la tercera lectura de una realidad secundaria en primitiva creación. De aquí surgen palabras al desgaire "des-inquietas" que fabricaron castillos en el aire. El hombre puede ir encontrando una lectura de la lectura que escribe apasionadamente cada palabra que conoce en el universo del poema. No existen "ni siquiera entregas... ni uncidos que amar".



Ningún hombre tiene escapatoria posible cuando la poesía se le cuela por el inconsciente. Untado del territorio entreverado del camino, su consciente sigue leyendo y conociéndose a través de las letras en las palabras que otro, dejó olvidadas... El escritor las recuerda, las prescribe, dictamina y recomienda recopilándolas en racimos de encuentros diferidos. Cada cual a su tiempo va dictando la palabra y el puente en que camina. No encontrará en su mundo ni sorpresas ni sorteo de suertes revividas.



Palabra de poema que el encuentro con un análisis rígido no merma ni recorta sus poderes a la palabra; tampoco defibrila corazones ávidos de susurros ni embarra con poderosa miel el estro del que brotan los sueños arrancados a la noche, a la muerte y al poema por una banda de locos excluyentes. Eran diez y se multiplicaron. Como epidemia incontrolada. Su multitud de dedos va dejando pasillos como patas repletas de muletas y amuletos contra la inexpresión y la codicia. Metapoetas al fin y tan mezquinos como uniforme pueda volverse la palabra.



Un abanico de signos excluidos de la exclusividad de uso en la lengua castellana va derivando un día cualquiera en cualquier hombre de su boca al verso en roce de palabra. Perdió la utilería su escenario no tiene pasillos ni galera su antesala, en multitud de tiempo se integra a la aptitud de especular sin boletaje la bambalina y la tramoya y presentarla, como espectador que acecha y narra -pretiempo a favor- cómo



va naciendo la palabra:



“planos como gobiernos” permiten que el texto fluya a través de nuestras mentes, nos promete magistral “como un desliz de agua”: El poema solo es conmigo. Uno y otro poeta y su poema hacen indispensable la noche, el día, la mujer y el río ingobernable. Sin palabras que vayan quedando talladas en la piedra, el río sumerge al poeta pero no lo ahoga. El poeta sigue creyendo en el hombre, el hombre cree en el poema. “El ojo que no ve lo siente todo y solo aquel que mira lo comprende”. Así, “desde el taller de la palabra” que hasta puede ser precisa, “con ruidos peregrinos” sigue atareada la palabra. Su cita con el lenguaje entalla su contenido. Enmarcada en su realidad histórica, vive a tiempo con su época -y se imagina a la moda- pero divorciada de los arquetipos. Viaja inmaculada, madura, estudiándose al paso y nuevamente excluyente. Empoderada de febriles morbos es caprichosa, a veces casuística, didáctica y prescindible. Tan restringida que dialoga solo con el poema y coquetea con el autor para celo y envidia del hombre.



La poesía debería ser declarada un estado del alma, así cuando uno se contagie puede decir con toda seguridad: “padezco de poesía”. En ese estado, uno puede andar “a causa del viento”, “sombra loco inmortal y tierno”, “amando sin compasión hasta la inteligencia”; para dejar de padecer y comenzar a vivir en la meta, Poeta.




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