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Fuera de rumbo el séptimo arte

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Livia Díaz

El cine está en donde se proyecta una película, aún a través de una plaza sobre una pared, o sobre las tumbas en el panteón 20 de noviembre. Actualmente en la intimidad del hogar. Pero la industria fílmica parece no entender esto último.

Las salas de cine, debieran ser centros de presentación, venta y exhibición de las películas, y en donde a disposición del público se vendan copias del filme para llevar a la casa, coleccionar, conservar, y poseer, en cambio son solo el reducto de la nostalgia del cine.

La pantalla grande ha sido cambiada por la chica, la mayoría de la ciudadanía encontramos accesible y a la mano las películas, primer problema: nos ha gustado el filme y no podemos prolongar ese placer; pero la piratería si la ofrece... he ahí el motivo de esta reflexión. La industria fílmica, está fuera de rumbo, sin perspectiva cultural y proyecto industrial.

He llegado a este pensamiento analizando el porqué no se puede contra la piratería, la respuesta es sencilla, porque el placer de poseer y tener la película como objeto y en casa, a la mano para disfrutarlo una y otra vez, es negocio que solo ciertas cadenas de video renta y tiendas departamentales ha encontrado lucrativo.

Sin embargo, dichos negocios no prosperan, y es que las empresas distribuidoras de cintas no publican todos los filmes, y francamente hay que hacer largos viajes y malabares para adquirir ciertas cintas en este país, o verlas, si es que en las videotecas las tienen; en tanto, la piratería consigue –incluso grabando dentro de las salas- poner al acceso y en la mano de los clientes potenciales, estas películas en cualquier momento.

Y no solo eso, no importa cuánto tiempo ha pasado y que no esté de moda, ni del país de origen que proceda el filme, ni su calidad, tiene clientela; y así, los bara bara están a la vanguardia en la exposición, oferta, venta y producción de cine, mientras la industria, por más que realiza campañas -algunas muy agresivas- no logra frenar la piratería.

Es que el problema no radica sólo en la producción ilícita de los filmes, es que la industria del cine no se ha puesto a analizar sus potenciales de oferta. Imagino un cine -de los que abundan- con 5, 7 a 12 salas de exhibición como un concentrado sin sentido y desperdiciando la oportunidad de venderle a los espectadores a la salida del cine un CD de la película proyectada.

Tampoco venden souvenirs del filme, ni fotos, ni afiches. Sabemos que se producen artículos promocionales ¿pero en donde conseguirlos? Imagine usted además el plus: En una sala, tal y como se presentan los libros, se presenten los artistas a presentar sus películas. Imagine a su artista favorito sentado en el cine, y dando una charla.

Y que además puede ser entrevistado por el público. Un artista que se la pase dando autógrafos, siendo fotografiado por un mundo de gente -que en torno al cine se ha congregado para verlo, y escucharlo- además imagine que esto se difunde en el propio cine y la televisión, para pasar a formar parte de la expectativa de los consumidores.

Pero además, ahí también se vendan las novelas y libros relativos al filme, y los temas documentados al respecto del mismo, y luego, en las amplias y hermosas salas de dichos multicinemas poder sentarse a leer y disfrutar, ahora si, una experiencia lúdica completa y leer y comer y beber café en sus andadores, libros y películas en manos, portando un souvenir o recuerdito de la experiencia que la empresa propietaria de dicha sala de proyección nos ha donado por participar en esta experiencia…

¿A poco no estaría “de pelos”?

Comentarios: letraeme@gmail.com

 

31/01/2008 19:23. Livia Díaz #.

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