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La realidad mágica

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por: Livia Díaz

Alguna parte a agosto del año 2 mil


Las tortas mas ricas están rellenas de masas”
Fernando Gutiérrez, 1982.


¿A dónde fueron esos diablos con cola llamados comunistas y que comían niños? Cada grupo, cada clase política, cada organización gubernamental o civil de este país tiene viejas escuelas desestructuradas como cimiento de su nuevo quehacer estructural.

Los que sobreviven hablan de sus recuerdos y deseos-ideales. Pero los nuevos militantes la “nova militancia”, trabaja en sus diferentes trincheras sin filiación militando por el pan y la tortilla nostra de cada día. Todos los militantes mexicanos estamos entre la liberación y las tripas.

Las masas rebasaron los movimientos no por el voto popular ni la búsqueda de garantías individuales no por hambre o la ofensa ni la capacidad de asombro del pueblo que luchaban los demonios rojos sino por la toma de conciencia, se me ocurre que emergieron militantes por todos lados en esta nueva sociedad consciente, vaporosa y desafiante.

La población toma conciencia. De todos los millones de mexicanos alguno se dio cuenta que si habla castilla es diferente. Emigra de su pueblo en busca de “algo mejor”. Las mujeres de la huasteca van militando de sirvientas con destino a Guadalajara o Zacatecas sin paradas intermedias. Los hombres van de mojados al país del norte. Las grandes ciudades se vuelven seductoras paradas intermedias para aguerridos militantes. Pero este solo es uno de los cambios. Ahora ya no hay gastos a crédito, solo en efectivo.

Hay racismo en este país. Si uno es militante “buena onda, buena gente, o licenciado”, seguramente su voz será escuchada. Pobre militante que llegue sucio descalzo pobremente arropado. Si vas malvestida te dicen “seño” si llegas elegante te dicen “señorita”. Por ejemplo: Si vas elegante al mercado te atienden mal y caro. Si va a subir al autobús una mujer con minifalda se para el tránsito, si va a subir una abuelita de mala gana y a gritos, la dejan o la atropellan. Si llegas tarde a la guardería te quedas con tu hijo en brazos, pero si es hombre si le reciben al niño las nanas.

Ha cambiado este país pero los dioses siguen exigiendo sacrificios humanos cada día. Tláloc (el dios sanguinario) no tiene compasión. Si no es en accidentes por y con el tráfico, en suicidios o crímenes de todo tipo, uno puede desaparecer de repente. Como los niños que jamás encuentran el mismo destino.

Una mujer militante puede ser violentada una y otra vez en la calle, y seguir muriendo muchas muertes. Tiene nueva conciencia en el autobús, en el metro, en los jardines de la universidad, en su casa, en el trabajo del sentido de supervivencia, hace un recambio ¿a ti cuantas veces al día te manosean? -“huye, no mires y no te metas que no es tu problema”. Total si te defiendes malo, si no te defiendes malo, pero si la te entrometes peor. Mas vale morir de viejo que hacerla de Jesucristo. Hay una nueva conciencia: La de atravesar la metrópoli y volver a casa a salvo. Pasando por encima de quien sea.

Los jóvenes tienen su propia conciencia. Conciencia aparte. La generación del “otro rollo” y la del “no tiene ni idea”. ¿Cómo hace un chico de secundaria para cobrar conciencia de su papel social? Hay que ser condescendiente sordo mudo y con síndrome de que nosabenada. Aprovechar todas las oportunidades para ganarse unos centavos pero también ser un héroe con fuerza de enajenamiento de los gritos en casa, en la calle, en la escuela y pedirle a Dios y a la Virgen poder regresar sano y salvo de ratas, uñas, razzia y vandalismo, para que ocupe los papeles de su nueva vida y escuchar en el radio la hora macabra... Con un golpe de suerte puede “ser alguien”. Según el frente donde le toque militar... En la tele dicen que si uno se porta bien le va bien. Lo dicen tantas veces al día con tantos vestidos diferentes que uno se la llega a creer. Si comes “chalchichas” (salchichas) serás simpático y cachetón, si usas margarina aprenderás a cocinar... bueno uno aprende hasta eso...

“Ora” se milita con el común sentido, que no es lo mismo que el sentido común. Hay que llegar a salvo, evitar que lo asalten, ponerle radar al marido, los hijos, al carro, al perro, a la ropa del tendedero, a las macetas... Todo puede desaparecer en cualquier momento. Dormimos anhelando que nadie logre robarse las estrellas, la nieve del Popocatépetl, o le quite las alas al ángel de la independencia. Todo es posible aquí. Los perros también aprendieron a sobrevivir; cambiaron de lenguaje. Se mueven en su recorrido establecido, sus horarios de menor tránsito y nuevas costumbres para convivir con el mundo.


La generación de hombres de la calle, niños de la calle tiene otro mundo paralelo. Eso parece extraño. Porque los niños en la calle siempre están trabajando y en la tele siempre se están drogando. Son militantes que brincan donde uno menos espera. En cualquier rincón están de payasitos, limpia vidrios, tragafuego, periodiqueros, vendecosas, cargadores, o cantantes y los más chiquitos pidiendo limosna exhibidos por sus mamás. Pero esa es otra historia aun por escribirse...



31/01/2008 19:05. Livia Díaz #.

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