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Mujeres de Juárez

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Por: Livia Díaz

No son ninguna novedad mundial. Tampoco noticia que al local guste leer. “No andaban precisamente en misa”, dijo el gobernador del estadod e Chihuahua; tampoco son “mujeres notorias. Son sirvientas, empleadas de panadería, de la tortillería de la esquina. Las que se fueron de su casa, las que van a buscar fortuna, las abandonadas”, dice la poeta local Margarita Muñoz. También de ellas dice otra poeta de Guadalajara en letras rojas, pues en otro color no puede dibujarse…

Gimen, Aullan.

Ahorcadas con las cintas de sus tenis

semienterradas en la arena del desierto

fueron carroña de manos impuras

de cerberos implacables.

Llantos de más de trescientas mujeres

en gritos que quisiera consolar

las muertas de garganta cercenada

las despojadas del futuro,

del amor

que les fue convertido arena

por las fauces de un destino ciego.

Esas mujeres,

desposeídas

en vida, en muerte,

arrebatadas de la calle, del gozo

ultrajadas aún moribundas,

aullan por una tumba, por descanso,

gimen clemencia -las oigo-

dentro de mi, desde la entraña,

en la mirada de esperanza de mi hija

que arrulla hijos no pensados,

ahi vivo el martirio de ellas

Las Muertas de Ciudad Juárez.

María de Lourdes Ramírez Dueñas, es científica. Su ciencia mezclada en las palabras abre caminos a las posibilidades del entendimiento. Emblemático como la imagen, el silencio las acompaña. Ya no están. A lo largo de los años los hallazgos de sus restos dibujan otra imagen en el sorpresivo colectivo, en la memoria generacional, en el mundo…

 

Niñas -botones de rosa- pisoteadas

arrojadas en basureros.

El dolor se hace rabia

la herida no sangra,

vomita vergüenza, oprobio

por los senos cercenados

y la pureza violentada.

La cólera negra de los demonios

que en bacanal de sangre

seca la fuente de la vida

en la herejía del parido por mujer

 

“Hay muchas líneas de investigación” dice Margarita. “Las de los asesinatos en serie, las hipótesis apuntan a señalar las características similares entre unos y otros crímenes, pero una misma constante, el crímen irresuelto”.

“Eran mujeres, eran niñas”, madres, hermanas, hijas…” Del género que ha parido necesariamente a los asesinos. Eran ellas y ahora son números en expedientes incómodos para la sociedad, trabajo de autoridades que no dejan clara su intención de solucionar la problemática, y mientras tanto, hasta la noche tiene miedo de que el desierto se pueble de otras plantas que algun día fueron flores.

Sola

No temía,

sin compañero, sin familia

en una ciudad ajena

en el espejismo del futuro promisorio

la flor de esperanza cultivaba.

No supo como cayó al abismo,

la uña filosa de la crueldad

rompió su pecho de nacar

mancilló su pubis de terciopelo

ahogó el cristal de la voz,

cegó al sol para que ya no la mirara.

Ahora es prenda para buitres

en la tierra de nadie.

Otra mujer.

 

“Sus madres las buscan incansablemente. Las buscan de día, de noche. Las buscan en los expedientes, en la morgue. Pasan los días y ellas siguen buscando. No se sabe a ciencia cierta cuántas son de todo el número, las que han sido encontradas, las que siguen sin aparecer, las que siguen desaparecidas –Dice Margarita– Las madres buscan y buscan incansablemente”. Así como quizá –dice María de Lourdes– ellas mismas buscan sus restos no pudiendo descansar en paz…

Ella no sabe donde quedó su simiente,

ella aun espera la luz que le diga "esta viva".

Minotauros asolan sus silencios

carroñeros destazan toda espera.

El aullido de las gorgonas fronterizas

azotan su conciencia, muerden su vientre

ése en el que por diez lunas ella la llevara.

Reza todos las noches, en agonía.

 

Han pasado más de diez años de los crímenes. Han pasado más de diez años de ausencia. “Las mujeres han conseguido apoyos para seguir buscando. Buscan y buscan, abandonando sus casas, a sus familias, teniendo que afrontar muchos gastos, y para todos los gastos necesitando dinero –dice Margarita– pero los recursos no bajan, ellas sufren todas sufren. Siguen esperando ya no la respuesta sino que aterrice la ayuda y así se lo pasan, se han vuelto la imagen y la fotografía de Juárez en sus marchas, sus manifestaciones, sus plantones…” Se las ve en la plaza, y la gente se da la vuelta. Ya las consideran incómodas, ya las consideran abogadas de las causas imposibles. Ya las desacreditan, ya las desoyen…

Vacio

Sin paredes contenidas

en el vacio, sin nombres

solo mujeres

en el albor del día arrebatadas.

Un siniestro cuadro se repite

en vueltas infinitas.

Nadie detiene la navaja

de un Hades clandestino

que carcome un tiempo ajeno

en un crimen innombrable.

Luto.

 

En tanto María sigue escribiendo indignada. Ya no se fueron muertas, las mujeres vinieron vivas en sus letras a desafiar nuestros sentimientos, a conmovernos la pasividad a buscar en nuestra paz cotidiana la que les arrebataron. Lo quieren todo, quieren tener un rostro y volver a Juárez con sus muñecas, y sus sonrisas; a caminar descalzas por la calle, a medio vestir quizá, a medio comer también, porque la mayoría eran pobres, pero lo son más. Y nos quedamos más pobres que ellas al cerrar los ojos para no ver como fueron torturadas y violentadas ¿era necesario ensañarse con ellas? ¿Vestirlas de furia y de dolor, arrojarlas en la avenida de la ignominia? ¿Es necesario que siga ocurriendo para que se haga algo al respecto? Parecen medir sus ojos, nuestros ojos.

 

Llueven luces votivas

lágrimas premeditadas

de pobladores de una tierra de nadie.

cántaros con ceniza del hogar

se tibian a la luz de la luna.

Cada uno es una "ella"

cercenada por las sombras

nombres desconocidos

cubren la plaza, es el luto

por las muertas.

 

El luto interminable, camina por la noche de muertos, que ya son todas, con una vela en la mano, con más de 300 velas en la plaza. La plaza de la compostura, de día una cara, de noche otra. La plaza de la familia y de las citas, la de la ciudad que se prefiere dormir ante la realidad. “Eran mujeres digamos… socialmente invisibles” –insiste Margarita– Sus actividades y su presencia o su ausencia, no son una notoriedad tan importante para esta sociedad.

No supo como cayó al abismo,

la uña filosa de la crueldad

rompió su pecho de nacar

mancilló su pubis de terciopelo

ahogó el cristal de la voz,

cegó al sol para que ya no la mirara.

Repite María…

 


31/01/2008 18:53. Livia Díaz #.

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