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Poema 143, la “Disolución Social”

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por: Livia Díaz

Perdió el oído al paso de las descargas, un tiro tras otro. Los ojos vendados, las manos atadas y el alma, como queriendose escapar del Campo Militar número uno donde lo torturaron. “El soldado disparaba detonando una y otra vez”. "Eramos varios". "Casi perdí el oído".

México, creo en ti;

por tus jóvenes que luchan en las calles

por tus ejidos, alma de mi pueblo,

por tus obreros, carne de mi carne

por tus canciones, llanto de mi sangre

y porque al fín, pueblo tiranizado:

sabes en todo caso, morir acribillado…

Octubre dos de 1968, el Maestro y Poeta Arturo Mendoza Rangel, originario de Michoacán, pozarricense de corazón desde 1976, experimentó en carne propia uno de los pasajes más crudos de su vida cuando con una bala en el cuerpo caminaba, ignorando que pronto como los rechazados en la Universidad, que eran muchos y crearon la Prepa Popular, sería echado por las autoridades de la época, acusado de violar el artículo 143, “Disolución Social”.

El escritor recientemente presentó su libro “Cuando canta el pensamiento” que reúne poemas plasmados a lo largo de su vida. Sobre el 68 escribió varios textos, dijo que estudiaba en la Facultad de Derecho de la UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México, e impartía clases en la Preparatoria Popular formada en el 67. Cuenta que “para contrarrestar el porrismo en la ciudad Universitaria fuimos a formar el primer comité de lucha dirigido por José Parra Simpson. Una necesidad en respuesta a los abusos de la sociedad de alumnos que controlaba el MURO, Movimiento Universitario de Renovadora Orientación. Era un grupo fascista, temible que robaba, violaba, asesinaba dentro de la UNAM; a Sipson lo asesinaron a golpes el 7 de enero dei siguiente año”.

Son muchos, jóvenes todos

Poli, Prepa Popular,

vestidos de muchos modos,

blandiendo el puño al azar.

Madre, tu hijo ha sido muerto

por alguien llamado Halcón.

Atrás quedan las escuelas

se oye el Himno Nacional

surgen rumores, según ellos

vienen a mi pueblo a matar.

Los poemas del libro son sin duda parte de la historia. Conforman una edición pulida al paso del tiempo por una persona dedicada y de sentimientos y emociones profundos capturados al paso de una vida de lucha social y trabajo para fortalecerse en medio de la adversidad. “A lo largo de su vida ha padecido la represión, el encarcelamiento y el destierro, laberintos donde se ha enhoblecido y más comprometido con su verdad, fiel a sus sentimientos”, dice del autor Leonardo Zaleta.

Sobre el movimiento estudiantil dijo Rangel que “definitivamente hay cosas que no han sido dichas y otras, que son mentiras”. “Se ha dicho tanto y sabe tanto de aquella época que ahora más que nunca se debe ser claro en ese aspecto”. Ni héroes ni ángeles, “hay líderes de aquellas épocas protegidos por el gobierno a los que usa en forma protagónica según le conviene”.

“La entrada de los granaderos a la escuela Vocacional número 3, fue la gota que derramó el vaso, el 17 de junio y la falta de una relación clara del gobierno con el pueblo. Todo comenzó con una riña entre alumnos de la Vocacional con los del colegio particular Isaac Ochotarena que se volvió conflicto de clase y el enfrentamiento ideológico no se hizo esperar. Se acordó protestar el 26 de julio y coincide con la marcha del Frente Sindical Independiente en la fecha de celebración de la Revolución Cubana. Cuenta que en las marchas había cosas chuscas, gritaban "Únete pueblo"... pero si pasaba una muchacha guapa gritaban "únete cuero".

¡Oye paisana preciosa!

Déjame entrar a tu casa

yo te regalo una rosa

tu a mí café de una taza.

Llegando al hemiciclo Juárez en la alameda ambas manifestaciones se únen y toman la decisión de llegar al Zócalo, en el camino los agreden con un bombazo a la Preparatoria Nacional No.2 y caen los primeros muertos por mortero”.

El estruendo nos llega sin conocer de dónde,

sólo se identifican los gritos de dolor

en las voces de histeria, en la tierra que se abre,

en el llanto de un niño que no encuentra a su madre.

“El hecho desemboca en un movimiento mayor. Javier Barrios Sierra rector de la Universidad, hiza la bandera a media hasta y comienzan las marchas y la desaparición de personas. La FENET, Frente Nacional de Estudiantes Técnicos, el 27 de agosto toma el Casco de Santo Tomás que fue reprimida brutalmente. El día 29 se llevó a cabo una manifestación de protesta conocida como “La Marcha del silencio”, saliendo del museo de Antropología e Historia hacia el Zócalo a las siete de la tarde. Todos llevaban tela adhesiva en la boca y antorchas, encabezaba el Consejo Nacional de Huelga.

"Ahí si creo que cometimos un error al aceptar estar ahí en asamblea permanente, aunque no pasó nada ese día, al siguiente se llevó a cabo un mitín de desagravio de los empleados públicos y con ese pretexto el desalojo del Zócalo con tanques”. Lejos de amedrentarnos, días después el 15 de septiembre en Ciudad Universitaria que reunió a unas 150 mil personas, era el día de la Independencia hubo poetas, músicos y otros artistas. Yo era maestro de la prepa, cuando entró el ejército a la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional. Había orden de aprensión contra 132 personas, la fuerza del Consejo Universitario aumentó a "salto de mata" "buscando donde esconderse"; “pero a algunos los agarraron antes como a Heberto Castillo, Tomás Hernández Cabeza de Vaca”. La narración sigue. La tristeza de aquellos sucesos es evidente.

Una lista, unos nombres, una escuela

un crespón negro en lacerada puerta

estudiantes erguidos en la lucha

y una patria infeliz, que ya está muerta.

"A mi me agarraron después. La noche de Tlatelolco, recibi un balazo en el vientre. No sé como llegué a casa de mi papá que vivía en la Unidad Cuitlahuac, me fui arrastrando entre los caídos siguiendo la dirección del chorro de agua de una pipa, llegué a un camión y un bombero me hizo seña de que me calle, me descubrió escondido entre los fierros. Cuando el camión salió del cerco, me dijo que caminara hasta mi casa. Me atendió mi familia pero estuve ahí poco, porque a las tres de la mañana llegaron los soldados por mí. Me metieron al Campo Militar, hasta atrás, en una zona donde había soldados presos. Uno que no vi me dio una taza de café, con la que me lavé la herida. Pasaron meses hasta que se me traslado por el médico Salvador López Antuñano al Hospital Juárez”.

Cuando, le dije adiós sin que me viera,

cuando dejé por siempre de visitar su hogar,

dejé un trozo de mi alma, triste y aventurera,

entre aquellas paredes que me vieron pasar.

Tenía daño en un disco de la columna que detuvo la bala, pude caminar hasta el 16 de abril. El 8 de mayo me detuvieron de nuevo y me llevaron a Lecumberri, "según ibamos a ser liberados pero me desterraron, fui a dar a Chile. Luego me fuí a Perú y a Cuba donde estuve varios años.

Cómo me duelo en este triste tiempo,

cómo me siento a veces derrotado

cómo quisiera ser como otros tiempos,

luchador, poeta, enamorado.

Con cuánto de mi vida yo sirviera

como escalón para mirar mi patria.

Que libre y ardorosa floreciera

de los labios de aquel que sufre y canta.

31/01/2008 18:50. Livia Díaz #.

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