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Original de cinco pesos

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Por Livia Díaz

“Yo de niña fui graciosa

de adolescente llorona

en mi juventud cabrona

y en mi verano impetuosa”

Pita Amor.

Era sábado, en el tianguis de la calle de Sullivan, en la ciudad de México un desperezado 5 de enero por la mañana. Uno de esos días en que uno no trae consigo mucho dinero y anda buscando el arca de noé en algún rincón de un puesto para sentirse feliz por haber conseguido una pequeña maravilla barata.

Y así mirando chucherías de plata y alpaca, cosméticos, cd’s de música y todo tipo de fritangas, en un puesto apartado en un rincón con libros usados llegó a mis manos una edición casi desconocida de poemas de la poeta Guadalupe Amor, conocida como “Pita”.

Pita Amor, quizá el último mito de las letras mexicanas plasmó este libro manuscrito en edición única y facsimilar por editorial Katun, escrito con su letra a mano, casi ilegible de la que el tendero dijo: “parece letra de médico, apenas un boticario va a poderlo descifrar”. ¿Cuánto? -Dije hasta con miedo de que volara el libro- “cinco pesos” dijo él con temor a que me pareciera caro. Pagué y me fui con mi tesoro en las manos, ¿Será posible que nadie se percatara que el libro es original de corto tiraje y está autografiado por Pita Amor? Si es posible. Todo es posible en este país. Hasta que la poeta que decía de sí misma “mi poesía siempre se refiere a mi”, le haya escrito un libro a las flores.

“Para el amigo de Chano, Guadalupe Amor 1989” dice la dedicatoria del libro escrita por la Poeta con tinta azul. La dedicatoria interior dice: “Las Flores. A Patricia Reyes Espíndola. Aquí no se nombran cosas de mayor trascendencia que las rosas” “Carlos Pellicer” “Ella quisiera dar las gracias a las flores de la fantasía LOCA”.

“Las flores”, dice :

“ Las blancas son casamiento

y las azules mortaja

el jaramago es desprecio

dice el nardo soy tu amigo

creo en ti la pasionaria.

La madreselva te mece

La siempreviva te mata

Siempre viva de la muerte

Flor de las manos curadas

que bien estás cuándo el aire

girasol de tu guirnalda”.

Comienza con unos versos que forman parte de una obra de Federico García Lorca “ “Doña Rosita la Soltera ó el Lenguaje de las Flores”, pero ¿Quién era Guadalupe Amor? Una Diva, una mujer bellísima que en su época volvía locos a toreros, escritores, y otros intelectuales a mitades del siglo pasado. Una mujer de carácter fuerte, vanidosa, que gustaba de colocarse toda clase de joyas, como se dice “colgarse hasta el molcajete” aún ya muy entrada en edad y no se presentaba nunca sin maquillaje y excelentemente vestida. De buen gusto y más excéntrico comportamiento, confesó a Beatriz Espejo en entrevista no haber leído jamás escritos de mujeres. “Yo soy cóncava y convexa, los dos mundos a un tiempo; el turbio que muestro fuera, y el mío que llevo dentro”.

Como ella misma dice en su única reseña autobiográfica editada en un libro de prosas “Nací en este siglo en todo y por todo, claro, siendo mujer, no voy a precisar en que año. En la ciudad de México, en el seno de una de esas familias católicas de vieja tradición y que llaman entre nosotros familias aristócratas.

Soy de raza criolla; con ascendencia española, alemana y francesa. La menor de siete hermanos. De las mujeres la más vanidosa y la más bonita.

Me bautizaron con los nombres de Guadalupe Teresa. El uno mexicano el otro, no puede ser más español. Como ninguno de los nombres me sentaba siempre me llamaron Pita. Voz que coincide a la perfección con mi cuidada superficie. Casi había olvidado mi verdadero nombre hasta que descubrí mi verdadera vocación. Mi poesía, más real que yo misma, está escrita por Guadalupe Amor. Mis amigos y enemigos personales insisten en llamarme Pita”.

La poeta fue contemporánea a medio siglo 20 de grandes figuras de la cultura del país Ignacio Hernández, Rulfo, Arreola, Juan Yepes; “décima musa” la llamaban algunos por su peculiar belleza y pensamiento en verso, su imagen fue captada en lienzos de Diego Rivera, Soriano y Anguiano.

Así como se plasman en esa vida suya el aparente desparpajo de una excentricidad alucinante, este facsimilar deja huella en sus poemas a las flores, con palabras que se van uniendo una con otra, y cuya fuerza radica en su versatilidad y sonido firme al unísono recreándose en imágenes, como este en que la poeta imagina un racimo de flores en varios modos:

“Las flores de la medalla.

Con forma de medalla

Con forma de medalla de moneda

Las flores de la metralla

Que gira como mira.

Florece en el confín de la alameda".

Pita, la que fue terminando arrimada y en la miseria como tantos otros poetas, la que floreció y nos regaló libros y poemas inolvidables, y con su desvergüenza por ser mujer puso muy en alto esos valores, paradójicamente de feminidad extrema con libertad absoluta la que de sus propios cuentos dijo “son mediocres y nunca debí publicarlos” La lees y vuelves a saber porque se ha convertido en un mito, “paralelamente a ese placer de los sentidos, de verme o creerme bella, crecía en mí una callada angustia: el pavor a la soledad, un miedo incontenible a lo oscuro”.

“La mimosa.

La amarilla mimosa

La flor de algodón hecha de nada

Esa flor es preciosa

Esa flor espaciosa

La flor como volada

La flor de la mimosa desbordada”.

31/01/2008 18:45. Livia Díaz #.

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