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La poesía no se vende



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Nadie sabe despedirse, todos se olvidan

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por: Livia Díaz.

¿Cómo se le llama a un poeta que se dirige a todos menos a sí mismo con sus poemas?

¿Que nunca gira sobre su persona sino que abarca todos los eventos sociales, adula a la gente notable, a la querida, a los ídolos del pueblo, a las personas menos socorridas? ¿Un poeta que se inclina por decir con verdades sin miedo, “honesto y claridoso” como lo bautizó Heriberto Hehoe; las cosas que nos pasan? Un poeta que ha visto morir a sus amigos mas queridos, que les ha llenado de palabras hermosas aún pagando un alto precio por ellas después; que la fama se le ha escabullido de las manos continuamente; que no domina la suerte y que piensa “que los hombres no debemos hablar de lo que sentimos y nos pasa, sino aguantarnos para no andar regando por todos lados nuestras miserias”.

Abrigado por el cariño y reconocimiento popular Abdías Valderrábano Olivares, poeta pozarricense llamado “el poeta de la ciudad”, “poeta incomprendido”, “luchador social y artista” y hasta “hijo sobresaliente de la ciudad”, en realidad sin reconocimiento público “por escrito” hasta ahora, como el mismo dice atesora entre sus más preciados papeles poemas y versos que le dieron un día “un pedacito de pan por sus poemas”.

Mía es en silencio, mi noble oración

por los que sufren, miseria y dolor

y por todo rico, que se dice señor

para los que pido, a Dios, su perdón

y por los pobres, consuelo en su amor.

Lo conocí en la Escuela Secundaria Federal Número 3, durante un Festival de Lectura este mayo. Nos dejó sobre la mesa muchos dípticos con poemas en cartoncillo, pequeños que versan sobre la amistad, los niños, dios, consejos, y otros “mensajes de mi mente”. “Todos en la vida tenemos problemas muy serios pero nuestros problemas no vamos a compartirlos, debemos hacerlos propios” dijo cuando fue entrevistado.

La curiosidad por conocerle más a un señor silencioso pero muy amable, de voz suave y recitar pausado y claro, de unos 70 años, nervioso pero tranquilo me llevó a pedirle una entrevista a la que accedió con mucho gusto. Le mostré los folletos y dijo “me los han patrocinado algunas personas, me dan un donativo de cien pesos, doscientos pesos, y los reparten después a sus amistades y las personas queridas es un detalle muy hermoso”. “Jardín de Otoño” dice uno de ellos, consta de cuatro poemas, uno por cara en media hojita blanca donde se ve una imagen de Cupido lanzando una flecha;

“Deseo al llegar a tus manos

esta añoranza literaria

sea la meditación diaria

de amor para tus hermanos

con tus pensamientos sanos”.

También en una época le pagaban un cuarto de plana en el periódico o un poema para la navidad, “Es cuando pude por fin comerme un pedazo de pan por mis poemas”. El poeta vive con su familia en la colonia Tajín y pasa la mayor parte de su tiempo cuidando de su esposa Evangelina que se encuentra delicada hace ya varios años. Estaba rodeado de sus nietos que curiosos se asomaban a sus libros y papeles que sacaba como tesoros de todos lados. Fue empleado de Pemex Producción y Gas 28 años y 300 días donde comenzó de ayudante de albañil. “Mi retiro fue por motivos de salud y convenirle a sus intereses”. “No quisieron jubilarme, cometieron conmigo una gran injusticia”.

“Yo no tuve muchos estudios, solo hasta sexto año pero desde niño me gustaba estar escribiendo”.Mi tío era Carlos Olson, un perforador de la compañía El Águila, recuerdo que estaba yo chiquillo cuando entre el y sus amistades comentaban que yo decía cosas muy profundas, ellos se preguntaban que de dónde sacaba esa profundidad”. Pero yo era un niño y hablaba, escribía, sin pensar mucho en eso. Años después “conocí un doctor que sabia mucho de poemas, me dijo “Abdías eso que escribe son prosas y lo puede hacer cualquiera”. Pero yo me seguí escribiendo conforme me nacían las cosas. Le dije “el poema es como las orquídeas que nacen en las aguas negras del pantano”. “Sin embargo si me puse después a estudiar cuando mis hijos trajeron sus libros de la escuela y a fijarme como se escribían”.

Hice muchos escritos pero todo lo tiraba o lo dejaba al olvido, mi primer poema como quien dice fue cuando murió Heriberto Quijo. Mi gran amigo, “el era como mi hermano”. “Yo le hablaba duro y de frente como a todas las personas. A Quijo se le rodaban las lágrimas. Después, pasados unos días me buscaba y me decía que tenía razón y aceptaba mis críticas”. “Cuando fue secretario del Trabajo tenía muchos amigos, le llovían telefonazos pero después cuando ya no lo fue, dejaron de sonar los teléfonos. Quedó en el olvido. Una época el se fue de aquí y yo estuve al pendiente de las necesidades de su familia por mi voluntad propia, el me dijo, Abdías yo nunca te ayudé en nada y te lo agradezco”. “Después cuando llegó a secretario nacional y lo asesinaron, llegaron escritos duros, fuertes, querían hacerle de homenajes pero eran duros y yo pensé que lastimaban a la familia así que escribí ese poema”. “Yo estaba en el Chalet con él cuando lo mataron y siempre pienso que fue como una conspiración”.

“En fin que el poema que hice querían que yo lo leyera en el homenaje de la Sección 30 en el auditorio, pero me negué a hacerlo, estaba el gobernador Ochoa y Oscar Sánchez Pancardo de secretario pero no quise hacerlo, y eso me afectó para siempre. Nunca me lo perdonaron”. “Si no hubiera sido por eso jamás de los jamases hubiera escrito un poema para “La Opinión”. Pero no fue porque tuviera algo en contra del periódico sino que no imaginaba aspirar a tanto dijo, mientras mostraba el recorte del periódico en el “Rincón Literario” donde fue publicado hace 25 años y desde entonces ha seguido colaborando con la casa editora.

Diáfana pureza del sentimiento

página blanca del pensamiento

al llegar a este incierto mundo

donde la ingratitud es lo fecundo

y hace de la nobleza el lamento.

La vida no es más que actuación

en este teatro, mundo de la ilusión

donde cada humano, ocupa su papel

unos de oro, plata o simple oropel

con un fugaz latido del corazón.

La mayoría de los poemas de Abdías constan de doble rima, dos hemistiquios, en quintetos, que es una forma dicícil de hacer en este lenguaje español americano, sin que rompa el ritmo interversal. Tiene otros en que se ha aplicado a elaborar fórmulas como el “Epitafio que debería estar en todos los panteones” en el que se esmeró plasmar en 75 letras y solo consiguió 73: “He aquí los lechos/ del sueño eterno/ expiran los hechos/ de gloria e infierno/ bajo el mismo techo”. “Yo escribo en cinco quintetos, es el más común que tengo con versos de diez o de once sílabas, aunque hay otros de ocho y décimas”. Abdías pasa por sus recuerdos, mostraba trabajos y recitaba con lágrimas en los ojos, con emoción y sentimiento sus poemas a los que nunca le ha gustado decirles poesías.

“Me gusta mucho hablarle a las personas”. “He estado varias veces cerca de la fama”. Una vez, fui al registro de autor, había un señor ahí muy elegante que me preguntó que llevaba, tenía conmigo a mano un poema que le mostré, estaba intentando hacer tratos conmigo cuando lo mandaron llamar”. En otra ocasión estaba en Acapulco, mirando al infinito cuando llegó una mujer y me preguntó “¿qué hace señor? y le dije, pienso en mi presente y mi pasado, en la vida que viene y la que se va”. Y es que estaba recientemente liquidado de Pemex cuando fuimos a ese viaje y a bordo del Robert Prince me dijo la señora “ ¿y a qué se dedica señor?, le dije, a hacer poemas y me dijo recite uno, y recité “La borrachita”. La señora dijo que venía de Argentina que su compañero de viaje tenía varias revistas y el diario “El Clarín” y me dio una tarjeta para que le mandara ese poema y otros, pues allá son muy considerados para el Tango. Pero cuando decidió hacerlo, la tarjeta había desaparecido y con ella uno más de los sueños de Abdías.

Nadie sabe tus tristes penas

mi sufrida borrachita

del paseo de la Burrita

y al mirarme tú te apenas,

al mirarte mugrosita

en este mundo me condenas.

Borrachita, flor marchita

te hicieron tanto daño,

al sufrir desengaño

desde que eras tú chiquita

es tu vida oscuro paño

inocente mujercita

Al mirarte me conduelo

y quisiera mitigar tu pena

y quitarte la condena

que oscurece a tu cielo,

y que una nube buena

te brindase su consuelo.

Borrachita de mi alma

poco a poco te consumes

en los fangos que te sumes

donde hayas tú la calma

del pasado, de perfumes

que embriagaron a tu alma.

31/01/2008 18:39. Livia Díaz #.

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gravatar.comAutor: Héctor Herrera

Fantástica inspiración de este personaje-Abdías Valderrábano- desconocido para mí. ¿Podría enviarme el nombre del poema que publicó iniciando con "diáfana pureza del sentimiento
página blanca del pensamiento.......
Gracias por tener una página como ésta, Livia Díaz y con ella enriquecer un poco esta ausencia de interés literario, plaga de nuestro tiempo. Gracias otra vez.
H. Herrera

Fecha: 25/10/2008 18:22.


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