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La tarde de Yolanda

20080322002143-yoli-2002.1.jpgPoetas en el Exilio.

por: Livia Díaz.

 

La tarde de Yolanda permanece en el tiempo saturada de recuerdos y añoranzas. “Un poder mayor que yo me llama a volver” pero volver no es suficiente, ya no somos parte del todo ni parte del poco. La salida y la ausencia provocada insufrible estoica, la salida necesaria e inmerecida, ha marcado su vida para siempre.

 

Yolanda Duque Vidal de origen chilena, nacionalizada canadiense pero ciudadana del mundo, viaja con sus zapatos de nube y la mochila al hombro, sus gafas la guían su amor y su energía la impulsan, su fe mueve los Andes, las Rocosas, las cordilleras se abren a su paso invencible. Ninguna extradición pudo cambiar su identidad.

 

Su voz es una música suave pautada y lenta donde la claridad de su dicción sin acentos vence la maestría con que se redacta y dictamina su paso sencillo, vidente, enamorado. “Yo soy hija del Universo porque el universo es de Dios y yo soy hija de Dios”. Tal cual. Como si la vida atrapada en el pecho en tesoro vital se cristaliza al solo verbalizarlo.

 

“Hay una ansiedad en mi

que indaga una razón.

Mientras el sol dormita

gradualmente bajo el agua,

sus últimos rayos esbozan

tu imagen en la arena”.

 

Entre canciones y sonrisas, enérgicamente avanzando en amable precisión sin equivocaciones, solidaria, paciente en armonía pero firme que deja reconocer una práctica continua y cotidiana de pasos por los todos, por los suyos, por nosotros. Convivió con nosotras, unas 46 poetas de 25 países este noviembre en el XI Encuentro de Mujeres Poetas en el “País de las Nubes” región Mixteca de Oaxaca. 60 años por fuera, nueve por dentro. Invenciblemente niña y mujer en avance de proyectos editoriales y culturales que abarcan la edición de poetas y cuentistas contemporáneos y la educación de indios “Crees”, “Mohacs”, “Mic Macs”, en Canadá.

 

Dijo Jean Paul Sartre que “Los libros son voluminosas cartas a los amigos”. En los de Yolanda me queda claro que ninguna palabra está dirigida a otra persona. Porque solo los amigos rozan con el alma el sentimiento al compartirlo que nos hermana en cualquier circunstancia, en cualquier semana, en cualquier idioma. Ella va ganando amigos “estoy naciendo hace poco nadamás”. No tiene muchos estudios de Literatura, dice. Se llena de amigos silenciosos en la poesía aunque salió de su país con la esperanza de arrodillar la violencia contra su familia ejercida por los militares chilenos en interrogatorios y persecuciones en la década de los 70’s y 80.

 

“¿Cuántos afanes de libertad sepultaron

los cuervos que mutilaron la Patria?

Semillas de ideales retoñaran un día

y los originarios frutos volverán

a perfumar nuestro exuberante territorio

Cordillera de los Andes

altivo muro accidentado, mudo testigo

de la inmolación, el sudor y la sangre

vertida en los viñedos y maizales”.

 

Porque una cosa es elegir donde vivir y otra es salir perseguido”.La tortura del aparato de estado tras la caída del presidente Salvador Allende, perseveró contra su todos ellos por muchos años, esto la obligó a buscarle asilo a sus hermanos fuera de Chile y después ella misma comenzó a treparse en las nubes que le llevan los pies, rumbo a otras tierras. Comenzó con la poesía en el exilio, cargada de nostalgias, desarraigo:

 

“Lóbregos pasajes de la memoria

revelan una niñez desgarrada.

Nada borra lo imborrable, el pasado.

Saeta que regresa sin aviso

y se queda fatalmente alojada

donde incorpóreamente lastima”.

 

“No había fronteras ideológicas. Sorprendentemente, los militares argentinos conocían toda nuestra historia”. Argentina que inicialmente fue un refugio para Yolanda se convertía en un infierno poco a poco, hasta que salió de nuevo con rumbo a Canadá. Vivió en Buenos Aires hasta el 4 de octubre de 1986. Siempre trabajando en empresas importantes donde destacó en la jefatura de empleados, administración y contabilidad. A diferencia de sus hermanos que eran miembros del Partido Comunista, Yolanda es Pacifista “pero eso no sirve”, sospechaban de todos, querían saberlo todo sobre ellos, sus amistades, sus actividades “hasta que un día mi madre les dijo a los militares mis hijos ya no están aquí, se fueron a Estados Unidos, nunca más volvieron a molestar a mis padres”. Pero duele tenerlos tan lejos. Cuando el avión desciende sobre los Andes y veo Santiago aparecer mi corazón da un vuelco rotundo, es un clamor y un rumor en el pecho que me soborna y atrapa inevitablemente, siempre, siempre que regreso.

 

“Intrínsecamente se enquista

en los opacos laberintos

donde no puede desertar.

Arrastra al abismo inexorable

chocando contra el muro

de insalvables fracasos.

Acero mordaz y agudo

que traspasas sin piedad

los frágiles umbrales del alma”.

 

A Yolanda le faltó tener un hijo aunque tuvo muchos hijos: Sus seis hermanos y una banda inmensa de sobrinos con los que de vez en cuando, vuelve a ser niña aunque lamenta no haberlos visto crecer. “La sonrisa de un niño me libera el alma”. Hubo una época en la que no poder tener hijos casi me llevó a caminos sin retorno. Era un dolor muy grande, algo perdido, porque había problemas médicos por resolver y entonces me quitaron todos los órganos internos para curarme”. La poesía nació cuando era niña. A los nueve años y en la escuela primaria de educación “la maestra nos dijo que escribiéramos un poema, “escriban lo que estén sintiendo”. En ese momento me guié por un poema de Gabriela Mistral. Observé que los versos estaban agrupados de 4 en cuatro y en la forma del trabajo quedó plasmado:

 

“Si yo encontrara el motivo de mi existencia

entender porqué vivo con este dolor tan profundo

dolor que me da la vida sin saber porqué

¡Sentir mi alma herida y la razón no la sé!”

mi maestra enmudeció inmediatamente. Pensé que había hecho algo muy malo. Me miraba y miraba mi poema, lo mostró a todos los maestros, a la directora. Mi poema anduvo de mano en mano, les parecía quizá increíble que yo a esa edad hubiera escrito eso como increíble fue verlo consumirse en las llamas cuando los militares tomaron el baúl donde guardaba mis poemas y otros textos y les prendieron fuego “el hecho de que quemaron mis poemas me cortaron la vida, es como si me hubieran mutilado la mitad de mi cuerpo”.

 

“En tus gargantas ocultas

un insondable monstruo arcano.

Los blancos sueños de mi infancia

se han teñido de rojo

ante las escorias de una Patria

arrasada por el fuego de la metralla”.

 

Recientemente Yolanda ha sido reconocida por el Gobierno General de Canadá en “Ridean Hall Palace” de Ottawa, junto con otros 60 escritores chilenos. “Recién estoy naciendo para los chilenos, en Canadá ya me conocen”.

 

“Mi poesía parte de la reflexión interna que quiero transmitirla, que la gente entienda, la asimile. Lo mío es espontáneo. Antes fue íntimo, de amigos”. Como escritora comenzó a darse a conocer desde el primer libro, editado en Montreal, Canadá en 1999. Ha escrito “Destino”, “El jardín de mis sueños”, “Senderos”, libros de poesía y prepara la novela “Alas pasivas” que retoma la experiencia de trabajo y convivencia en el albergue indígena “Crees” de la Bahía James, al norte de Québec y recoge “lo que pueden leer otros ojos”.

 

En el 2001 inauguró una editorial sin fronteras que se llama “Alondras” trilingüe y que distribuye en Canadá pero “la distribución no es fácil” en el resto del mundo.

 

 

31/01/2008 18:37. Livia Díaz #.

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