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Unos van a olvidar y otros van al olvido

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Livia Díaz.


El sonido del teléfono cesó. Poco después la búsqueda. Después de todo, la gran noche se prolongó un tiempo inexistente. La niña yace inerte en su imagen expuesta para condoler la matriz de otra. ¡Qué les importa a los observadores el dolor de una madre huérfana!. La amputación de la otra extremidad invisible, y ahora eternamente visible, resumida en expedientes, historias, testimonios.

La claridad oscuridad de la casa en compañía del silencio, era examinada una y otra vez por la mente, en autopsia directa de un porvenir siniestro. Solo su abandono la dejó pasar día y noche, noche y día y en sus recuerdos, al atesorar en los sonidos, esperanzas.

Los sueños y las emociones, el dolor y el sufrimiento “escuela de novas artes en pos de la compasión”, dicen los libros de texto, “con ella suman 123 las mujeres asesinadas”, decía el periódico.


Las mujeres de Juárez.

Desde hace más 10 años, la desaparición y asesinato de mujeres,
también en Ciudad Juárez,
ha provocado una preocupación creciente…

 

Es la tierra testigo de un secreto
de indelegables crímenes
y obseso ha vuelto fugaz en la respuesta,
exigir que confiese de inmediato:
claman las mujeres por las calles,
sin saber que están muertas.

Y van dejando su estela de imborrables incontenibles,
inimaginables llantos
gimiendo mientras pasa el silencio.
Claman las mujeres por las calles
sin saber que están muertas.

El funcionario finge que lo ignora
se le ha caído el pie después del pelo.
El que a la aurora se mira en el espejo
mientras ríe, sonriéndole a la vida
agradecido de distinta suerte,
sin pensarlas de contenido llanto
enamorando, a su paso de muerte,
nuestras ansias por verlas sonriendo
en los rincones, adonde no llega
la luz ni las palabras.
Claman las mujeres por las calles,
sin saber que están muertas.

Y eran cien, y doscientas a la noche,
trescientas descalabradas tuertas alboradas
de una promesa de muerte inesperada
y son sus madres, preludio de una espera.
Claman las mujeres por las calles
sin saber que están muertas.

Pueblan las plazas
con distintas autoras sus estelas
en fantasmales espectros, otras tumbas,
donde cavan la fosa
de la fe, la confianza y la esperanza,
y las entierran cada vez más hondo,
muy en lo hondo, ahí donde no pueda
llegar a rescatarlas la frontera
entre lo posible y lo imposible,
para que nos veamos en el cine
en la red de Internet, en las pantallas
sin oler ni tocar sin sospechar siquiera
que sus fosas con números y fechas,
están llenas de polvo, que no puede
enterrarlas del todo, y que se salen,
¡y que se salen a espantar
con su gemir continuo y decidido!
hasta que un día desvelen a los criminales,
hasta que un día desnuden a los presidentes,
hasta que acallen a los que en su nombre
reniegan del dolor de nuestras madres.

Que los hundan a todos, que los rompan,
que los dejen al aire y entre el viento
sin sus armas de tromba y de pasquines…
Claman las mujeres por las calles,
sin saber, que están muertas.

La fuerza mayor con que comienza
en latrocinio de confianza a hurgar,
el salmo de nuestra conciencia
claman, las mujeres por las calles,
sin saber que están muertas.



*México DF, 20 de octubre de 1965.- Radica en Poza Rica, Veracruz, promotora de lectura, poeta y periodista de oficio. Dirige el programa de radio “Los Amorosos”, talleres de Literatura y Lectura en el CERESO, y de Cuentacuentos en espacios abiertos y la zona escolar.

27/01/2008 03:47. Escrito por Livia Díaz #.

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